Mi novia ya no es un camión

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Por Kik Mass especial para Lela Mag!

Con la misma sorpresa con que un día encontramos una bombacha en la ducha, la decadencia de nuestro camión nos llega como una revelación. Como si, de repente, ella fuera otra: más descuidada, más adiposa, más estropeada, más melenuda… ¡Más parecida a tu suegra!
La primera reacción es una mezcla de decepción e indignación: vos te la pasás todo el dia haciéndote las cejas y elongando en el subte, invertís en electrodos para que no se te vuelen las chapas y hacés un esfuerzo enorme para metabolizar el mijo decentemente.
Ella, en cambio, se zambulle en todas las achuras que encuentra en su camino para, acto seguido, desabrocharse el pantalón y arrojarse a dormir la siesta en el asiento de atrás del auto… Encima te mira con odio cada vez que se despierta en la noche y te encuentra con la tintura en la mano tratando de taparle las raíces sin que se de cuenta. Ni hablar de cuando le implorás que se depile las pelusas, porque sentís que te acostaste con el cachorro y ya estás cansado de pasar por la guardia para que te suturen los pinchazos.

Por supuesto, nada parece importarle y no pisa la podóloga desde Año Nuevo de 2009. Hasta le mencionaste que en la Licenciatura en Feng Shui que ella está cursando por Facebook, recomiendan sacarse las durezas para que fluya el Chi plantal, pero nada. Sin olvidarte de esa vez que te encontró con la cera en la mano para retocarle el bozo; o aquella otra donde le hiciste unas caricias en el relleno abdominal con las manos untadas en gel reductor, pero como dijo que tenías las manos frías te mandó a dormir al patio con el gato.

Nos preguntamos y no nos contestamos. ¡Esperé tanto para la prueba de amor!. ¿Cómo llegamos a este punto? ¿Dónde fue a parar la ropa interior casi inexistente? ¿Me pasa solo a mí que el único hilo que ve últimamente es el que ata la pizza del delivery?. ¿Cómo me convertí en el florero que se apoya en la casa de mi suegra los fines de semana? ¿No le interesa que mientras yo me duermo, sigo escuchando a la madre y a la tía hablando en simultáneo de los chismes de los parientes? ¿Nadie se da cuenta de que la cuñada no para de machacar con los hijos y los programas de aire mientras de fondo se escucha al nabo del marido creyéndose un comentarista deportivo con la flautita en la mano? ¿Ya no le importa seducirme?
¿Es mi culpa por exigirle que se suba a la mesada con una escalera porque yo ya no doy más de la espalda para tirarla arriba? ¿O tengo que ser más comprensivo?. ¿Está en peligro el deseo y, con éste, el futuro de nuestra mesada?

Cuando nos enamoramos se dispara la “quimica del amor”, te la querés comer y estás tan prendido fuego que cuando la ves con el jogging creés que es deportista, cuando en realidad se le encarnó fuerte y no se lo puede sacar. O la ves pintada como una puerta pero pensás: “Cómo se arreglo para mí!” Sin embargo, al cabo de 6 meses te preguntás cómo alguien no le dice que deje de hacerse el esfumado en el ojo, que parece que se pintó con la linterna. O tal vez ya estás lejos, muy lejos de ser tomado por las hormonas y los químicos como al principio, cuando creíste que se “preocupaba por vos” porque te llamaba 28 veces al día, o que era brillante porque tenía un libro en la mano. Hoy te desayunás con que no para de decir pavadas, que te revisa hasta el ticket del supermercado y que no te hace ni un poco de gracia su parloteo de radio AM.

Claves para rectificar tu camión:
a) Cerrá con llave el baño: no hay misterio ni atracción si no hay espacio para la sorpresa. No debemos asumir que sabemos lo que está pensando o sintiendo el otro y mucho más importante es no escuchar. Y no solo con el oído, también podemos no escuchar con el cuerpo y poner horarios. Con solo prestar especial atención a un ligero pinchazo, este gesto puede volverse altamente erótico. Pero si vamos en “velocidad crucero”, nos será imposible registrarlo porque ya sabés qué pasa cuando conversan los sentidos.

b)Inspirala a mejorar su calidad de vida: que empiece el operativo camión si realmente nuestro vehículo necesita reencontrarse con el ejercicio físico. Sugerile algo aventurero, descorchar un jugo de kiwi orgánico, tres vueltas alrededor de la mesa o una carrera hasta la heladera donde “la señora” solo va a encontrar, en lugar de salame y cerveza, una suculenta picada de tofu y tres milanesas de soja terciada. ¿Sos el abuelo? No. Es ayudarla a que le agarre el gustito. ¿Se va a resistir? Seguro. Todo sea para que vuelva el erotismo a través de las charlas que solían tener en la madrugada calculando los carbohidratos, o esas peleítas con aullidos por ver quién se terminó la crema antiarrugas. Apelá a la memoria emotiva: decile que te va su acoplado, pero tratá de que se acuerde cómo era cuando tocaba bocina y tus amigos le decían lo buena que estaba.

Contános: ¿Qué le pasa, qué le pasa a tu camión?

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5 respuestas a Mi novia ya no es un camión

  1. Anita dijo:

    Berretina, esta “Daniela Chueke” es muy sospechosa. Decí la verdad, ¿esta nota la escribiste vos? http://www.revistaohlala.com/1575890-te-separaste-la-web-te-ayuda

  2. cecilialika dijo:

    Muy bueno!! jajajaja Berre, por favor, hacete un relato con ese perfil tumbero que tenia Pitina que me muero de risa!!

  3. amalia77 dijo:

    Siiii, extrañamos los relatos con el perfil tumberoooooo, cómo me hacen reir!
    Volveeeeeeeeeeee Pitina!!!!!!!

  4. agustina dijo:

    Genia volvé!!!!

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